El rechazo a la política de dispersión desde el
reconocimiento de todos los derechos
La
política de dispersión, que afecta principalmente al colectivo de presos/as
vascos/as y aquellos/as presos/as sociales más concienciados/as, busca el
quebrantamiento no sólo de cualquier atisbo de unión entre personas presas sino
la destrucción mental, y en algunos casos física de la persona. La dignidad en
la cárcel es pagada con más castigo.
No hay que dejar de recalcar que el
único derecho que se le arrebata a una persona presa es la libertad. Ahí es
nada. Bastante castigo supone para cualquier persona la privación de libertad,
el tener que sobrevivir día a día, mes a mes, año a año entre cuatro paredes
como para que además se penalice a su familia con la crueldad propia de
cualquier estado.
Ésta
política diseñada tras las Conversaciones de Argel -que no deja de ser
la versión moderna de las deportaciones a las colonias-, constituye
desde el punto de vista humanitario un hecho absolutamente reprobable y cruel,
constituyendo una "sobre-pena",
un castigo añadido que alcanza a la familia de la persona presa, en
algunos casos carentes de recursos, en muchos otros con otro tipo de
dificultades pero que imposibilitan poder desplazarse cientos de kilómetros y
poder mantener una relación lo más normalizada posible con su familiar
encerrado.
Si
nos ceñimos al plano legal, la dispersión no soporta ni la mirada más
superficial ya que va contra toda legalidad penitenciaria vigente, contra todos
los informes del Relator especial de Naciones Unidas, contra todo tipo de
Convenciones en contra de la Tortura y de los Derechos humanos,... ¿dónde
quedan la readaptación social de los prisioneros, la conservación de arraigo
familiar y social, etc? Como toda legalidad inútil para los gobiernos: en papel
mojado.
Parece que los tiempos en los que la
violencia atropellaba cualquier discurso son ya tiempos lejanos. Pero aquellos
tiempos, en los que la brutalidad golpeaba a diestro y siniestro, fueron ayer.
Y en ese tira y afloja, de lo que ayer era tolerable y hoy ya no, se encuentran
las personas presas. Todo nos indica que ante una apuesta decidida por la paz,
ya sea por necesidad o convicción, la respuesta está siendo la negación o el
silencio. No existe necesidad por parte del Gobierno de más. Los presos se han
convertido en objeto de presión y de eso la responsabilidad es compartida. Las
cárceles se han llenado de personas, con mayor, menor o ninguna implicación en
ETA por culpa de poner la lupa torpemente en la violencia del estado, sin reflexionar
entorno a la violencia de la que sí se tenía una responsabilidad y que ha sido
un ingrediente básico para que a día de hoy, las personas encerradas se
encuentren en la delicada situación en la que se encuentran.
Pero
a pesar de todo, de todas las razones que puedan asistir a los familiares de
las personas presas, que les asisten sin duda, no nos puede seguir bastando con
agitar el fantasma del Estado para descargar culpas o escurrir
responsabilidades. Durante muchos años hemos asistido al espectáculo lamentable
de jugar con las palabras, a regates en corto que se vendían como victorias
frente al todopoderoso Estado, a una peculiar cuando no ofensiva, por parcial,
exigencia de cumplimiento de los Derechos Humanos. ¿Con qué resultado? Más y
más operaciones represivas, más y más acciones armadas.
A día
de hoy, se sigue sin apostar decididamente por dejar a un lado los malabarismos
lingüísticos. La apuesta por dejar atrás una etapa negra, asfixiante, cruda,
irracional,... debe ir más allá de una estrategia particular de tipo
político-coyuntural y mostrarse sincera en los hechos y no en sólo en
declaraciones. Conscientes de que poco se puede esperar del gobierno en materia
de respeto a los derechos y libertades, los pasos a dar no deben estar condicionados
a las actuaciones "del otro".
CGT-LKN
reclama el fin de la política de dispersión, desde el respeto de todos los
Derechos para todas las personas, por ello que no podemos dejar de hacer
mención a la necesidad de que se de un reconocimiento del daño hecho y de su
reparación en la medida de lo posible, por parte de los sectores implicados en
lo que ha sido el conflicto armado, ya que las responsabilidades no sólo se
encuentran en un lado.
Estas
son, pues, las premisas con las que abordamos como organización las distintas
iniciativas y movilizaciones que se vienen dando y se darán respecto a esta
problemática.



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