Hay convocada una marcha contra los Desahucios para el 28 de noviembre, por parte de casi todos los sindicatos convocantes de la Huelga del 26S.
En CGT, si bien defendemos una postura de clara oposición a esta problemática y a sus causas, tenemos dudas sobre dicha convocatoria.
Entendemos que la iniciativa debe surgir de quienes han trabajado el tema en Navarra, concretamente la PAH (Plataforma de Afectados por las Hipotecas), y el papel que tendríamos que jugar el resto de agentes es el de apoyar y dar cobertura, con todas nuestras fuerzas, dejando el protagonismo en el anónimo y constante movimiento anti desahucios. Lo contrario, puede ser entendido como mero oportunismo.
Por ello, la postura de CGT-Nafarroa ante esta manifestación será la que la PAH decida adoptar.
Desde CGT hemos afrontado con total decisión la jornada de movilización y Huelga del 14N, como tantas otras organizaciones sociales y sindicales, en distintos puntos de Europa.
Como en otras ocasiones, hemos querido trabajar de manera horizontal junto con otros colectivos y sindicatos, tratando de evidenciar la necesidad de movilización que como sociedad tenemos, con la mirada puesta en un cambio social hacia un escenario de mayor justicia, a través del reparto.
Así, hemos participado en distintos piquetes, como el Bizipikete, grupo que ha mostrado combatibidad e ingenio para llevar adelante su lucha, a pesar de la negativa policial a transitar libremente por la ciudad.
También hemos apostado por participar e impulsar el nutrido piquete social, en torno a las problemáticas que más afectan a quienes menos recursos tienen (restricción en Renta Básica, Desahucios...), recorriendo sedes de distintos bancos y partidos.
A las 11h, en la Plaza del Vínculo, CGT, ESK, CNT, Solidari y múltiples colectivos sociales (15M, colectivos libertarios, por el decrecimiento,...) hemos participado de un mitin
y posteior manifestación cuya masiva asistencia (más de 5000 personas), ha ratificado el acierto de apostar por la movilización, de hacer nuestra propia
huelga, con nuestro propio discurso, al margen de quién convoca y quién
no.
Durante el mitin se han dado intervenciones de todo tipo desde las más sindicales a otras de carácter social (transfeminismo, proceso constitutyente, desahucios,...). Entendemos que todos los retrocesos a nivel social y laboral son consecuencia de un mismo problema, el capitalismo, por ello la multiplicidad de discursos, por ello la unidad en un mismo acto. Sabemos que la cita de hoy es un paso más en la trayectoria de movilizaciones en la que participamos y que ya debemos pensar en el siguiente paso, no sólo a nivel movilizador, también a nivel propositivo.
Pasado un año desde que la indignación explotó y tomó las calles, las energías desatadas han seguido presentes de un modo u otro en las movilizaciones contra los desahucios, en la lucha estudiantil, en la Huelga General... junto a gran parte del movimiento social y sindical organizado. Hoy, se trata de recuperar ese impulso, no sólo aquí, sino a nivel internacional. El 12M va a a ser una jornada de movilización en muchos puntos del mapa y en Iruñea existe un ambicioso programa, en el que destaca la manifestación de las 19 h en Plaza del Castillo.
La extensión de la contestación al mundo del trabajo no es una necesidad sólo para el 15-M: es una demanda general entre quienes aspiran a cambiar radicalmente las reglas del juego. Y lo es tanto más cuanto que el capitalismo que padecemos está retornando a muchas de las fórmulas más abrasivas que utilizó en el pasado. Cualquier proyecto consecuentemente anticapitalista tiene que hacerse valer entonces, en lugar central, en el mundo del trabajo, en el que hoy por hoy, y al amparo de lo que hacen los sindicatos mayoritarios, falta dramáticamente el espíritu de rebelión que nace de un impulso como el del 15 de mayo.
Es verdad, con todo, que las dos instancias que estarían llamadas a relacionarse -el propio 15-M y los sindicatos- arrastran problemas no precisamente menores. Por lo que al movimiento se refiere, lo suyo es recordar que exhibe una condición interclasista -en sus filas se dan cita ante todo miembros de las clases medias eventualmente desclasados, con una ausencia llamativa de trabajadores asalariados- y que su presencia en fábricas, oficinas y comercios resulta ser menor. Parece innegable, aun así, que con el paso de los meses en el 15-M ha ido perdiendo terreno el discurso ciudadanista en provecho de fórmulas que beben con claridad de la contestación activa, y con vocación de permanecer, del capitalismo. El “se va a acabar, se va a acabar, se va a acabar la paz social”, tantas veces coreado en las manifestaciones, retrata bien esa deriva.
Por lo que respecta a los sindicatos, es sencillo zanjar la cuestión si estamos pensando en lo que suponen CCOO y UGT: dramáticamente instalados en la lógica del sistema, dependientes del erario público y burocratizados, los sindicatos mayoritarios muestran hoy una nula capacidad, y una nula voluntad, de respuesta ante agresiones sin cuento. No puede decirse lo mismo, por fortuna, del sindicalismo resistente, empeñado a menudo en superar muchas de las cortedades de miras características de las propuestas estrictamente sindicales. En ese sindicalismo resistente, que tiene una condición minoritaria, no falta, con todo, cierto conservadurismo encaminado a preservar los logros orgánicos alcanzados y remiso a grandes aventuras que puedan poner aquéllos en peligro. Ello es así por mucho que sea cierto que mantiene con el 15-M una sintonía general que bebe de la común defensa de la asamblea y la autogestión.
Aunque las disonancias no escasean, conviene subrayar, sin embargo, que hay también vías de acercamiento: el espíritu del 15-M se hace valer, sin duda, en determinados segmentos del mundo del trabajo, al tiempo que el sindicalismo resistente transmite al movimiento una dimensión obrera y anticapitalista. En estas horas el principal instrumento de permeabilización mutua lo aporta, sin duda, la posibilidad de convocatoria de una huelga general. Aunque uno entienda el proyecto de “sindicalismo sin sindicatos” que defienden determinados sectores del 15-M, el criterio más extendido sugiere que al respecto, y descartada por completo la sintonía con CCOO y UGT, parece más razonable ir de la mano del sindicalismo resistente.
No está de más que prestemos atención a un puñado de elementos que rodean esa eventual convocatoria que acabo de mencionar. El primero es el hecho, palpable en los últimos meses, de que dentro del sindicalismo resistente se están registrando esperanzadoras aproximaciones entre fuerzas que tiempo atrás se daban la espalda. Ello sucede ante todo en el mundo anarcosindicalista, que configura a buen seguro un núcleo importantísimo de la resistencia sindical. Sobran las razones para concluir, por lo demás, que esta última tiene mucho que ganar y poco que perder. Lo que hoy por hoy parece indiscutible es que el sindicalismo alternativo sólo pierde si no mueve pieza y no aprovecha una tesitura tan singular como la que atravesamos.
En un terreno próximo hay que recordar que la convocatoria de una huelga general colocaría en una situación delicada, e interesante, a los sectores críticos que trabajan dentro de CCOO y UGT, obligados a asumir decisiones contra la posición que con certeza defenderán -también en situación delicada- las direcciones de esos dos sindicatos. No se olvide al respecto que todo hace pensar que, habida cuenta de las agresiones que padecen muchos derechos laborales y sociales, hay una mayoría de la población que simpatizaría con la perspectiva de una huelga general, tanto más cuanto que parece evidente que nuestros gobernantes no van a abandonar en momento alguno el guión que nace de su supeditación al capital y sus intereses.
No parece razonable, en fin, valorar el éxito o el fracaso de una huelga general sobre la base exclusiva del número de trabajadores asalariados que se suman a aquélla. Tanto relieve como ese número tienen otros dos factores: el efecto disruptor de la actividad económica que puede derivarse de la acción de muchos de los jóvenes desempleados o precarios que se mueven en la órbita del 15-M, por un lado, y el horizonte de que la huelga, a tono con muchas de las querenciahttp://www.blogger.com/img/blank.gifs de este último, lo sea también de consumo, por el otro.
Las cosas como fueren, y dado que las huelgas anteriores no se han caracterizado precisamente por éxitos rutilantes, es difícil que la palabra fracaso tenga que aplicarse, una vez verificada, a la que ahora nos ocupa. Ya he adelantado quehttp://www.blogger.com/img/blank.gif lo que a los ojos de muchos sería un fracaso es no convocar esa huelga. No olvidemos que estamos hablando de un fenómeno de dimensión fundamentalmente simbólica que constituye antes el inicio de un proceso que su objetivo final. Un proceso, dicho sea de paso, en el que el movimiento del 15 de mayo debe cimentar su expansión orgullosa en el mundo del trabajo y, con ella, un horizonte que los más ambiciosos tienen, sin duda, en la cabeza: el de una huelga general indefinida.
-EL 15 DE OCTUBRE será un día de gran movilización A NIVEL MUNDIAL, POR UN CAMBIO GLOBAL. Desde CGT animamos a participar en el llamado del 15M-Iruñea, MAS INFORMACIÓN: