La riqueza se acumula, la pobreza se
expande; indignante. La riqueza concentrada en pocas manos, cada vez más ricas,
no tiene barrera, no tiene fin. Decía Mahatma Gandhi: “En
la tierra hay suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no
tanto como para satisfacer la avaricia de algunos”.
Con más de 51.000 personas paradas en
Navarra, muchas de ellas en situación “terminal” (económicamente hablando),
¿qué le queda al sindicalismo? El sindicalismo nació como nace todo en la
humanidad, por la necesidad del individuo de identificarse con un colectivo en
similar situación, para ejercer una mayor fuerza contra los poderes
establecidos, para defender su vida y su trabajo con dignidad. La unión hace la
fuerza.
Cabe recordar, lo
que ocurre con algunas personas migrantes, para las que perder el empleo supone
en muchos casos quedarse en situación irregular, lo que acarrea mayor
vulnerabilidad, ya que pierden acceso a la prestación social mas básica (Renta
de Inclusión Social) o incluso el acceso a la asistencia sanitaria.
Obviamente, los poderes juegan con las
desigualdades para mantener adeptos. Unos salen perjudicados en diferente
medida que otros. Los poderes siempre han actuado así: “divide y vencerás”.
El sindicalismo debe mantener como
precepto la solidaridad entre trabajadoras y trabajadores, basado en el reparto
del empleo (y, de paso, el resto de los trabajos: doméstico, atención a las
personas), defendiendo con más fuerza que nunca la jornada laboral de 30 horas
semanales, como manera de ir caminando hacia una sociedad más justa, una
sociedad donde haya un reparto de la riqueza, una sociedad donde se valore el
bien común. La solidaridad entre
trabajadores no deja de ser un arma de lucha contra los poderes, contra la
situación de crisis económica propiciada por estos. La solidaridad es la
premisa para la lucha obrera, y esta es la herramienta para las mejoras
laborales y para el progreso social.
¿Cómo materializar esta Solidaridad? La
solidaridad, a diferencia de la caridad, está basada en el apoyo mutuo. La
solidaridad se materializa de distintas maneras dependiendo de la coyuntura y
de las circunstancias históricas; no hay un manual establecido sobre “cómo
hacer solidaridad”. Como sindicatos asumimos y apoyamos las propuestas de
diversos colectivos sociales basadas en valores como el apoyo mutuo, la
justicia social, el reparto del trabajo y de la riqueza, organización
horizontal, ...
En estos momentos toca defender la renta
básica de ciudadanía al alcance de cualquier persona, que junto al
decrecimiento de la producción material (y del consumo correspondiente de
bienes) y la reducción de la jornada con el correspondiente reparto de empleo,
nos lleve a vivir una vida con dignidad. Como se plantea por los movimientos
sociales con experiencia en crisis del capital en Sudamérica, implantar el buen
vivir, el cual se muestra en consonancia con un ecologismo más local. Exigimos
la jornada laboral de 30 horas semanales. Entendemos que de esta manera
avanzaremos en la lucha contra el paro e incrementaremos notablemente nuestra
calidad de vida, dedicando menos de nuestro tiempo a trabajar, pudiendo
emprender así, otras tantas iniciativas personales o colectivas, que dibujen un
escenario social mucho más participativo y autónomo.
Por ello, distintos colectivos y
sindicatos (representamos a algunos de ellos), llevaremos a cabo una
concentración el 26 de diciembre a las 12 h frente al Parlamento,
reivindicando: “Trabajar todas, repartir los trabajos, trabajar menos, vivir
mejor.”