Digna pero insuficiente.
Hay que hacer más.
Este
pasado 14 de noviembre CGT ha
realizado su tercera huelga general en lo que va de año, las tres planteadas y desarrolladas por nuestra parte
con la misma decisión y todas nuestras fuerzas, aun sabiendo que cada una de
ellas -y todas juntas-, siguen siendo insuficientes para conseguir el objetivo
de darle la vuelta a la actual situación. Pero también con el claro
convencimiento de que cada una de las huelgas convocadas y las sucesivas que se
convoquen son absolutamente necesarias.
La
huelga general es, hoy por hoy, la fórmula más contundente para intentar
cambiar las cosas y manifestar nuestra oposición y malestar frente a la actual
situación, a las medidas que se nos imponen y al futuro más negro todavía que
nos van a deparar. Es la fórmula de enfrentarnos colectivamente con los poderes
económicos y políticos, quienes no son capaces de entender otro lenguaje, ni
ahora ni nunca, pero ahora menos que nunca. Y frente a estas convocatorias, por
más que las sepamos insuficientes, decir sí es apostar por buscar otras
salidas, y decir no sería conformarse y hacerse cómplice de la actual
situación.
La
actual crisis, cuyo marco es el del agotamiento de los recursos naturales, es,
sobre todo, una declaración de guerra del capitalismo contra el conjunto de la
sociedad. Una declaración de guerra a los derechos y garantías sociales.
Mientras las desigualdades se incrementan y los ricos son más ricos y más
poderosos, en esa declaración de guerra nos están diciendo que los seis
millones de personas paradas sobran, y estorban, y que pronto sobraremos muchas
más.
Y es
una declaración de guerra que a los y las trabajadoras y al conjunto de la
sociedad nos coge desarmados, sin ritmo de movilización y capacidad de presión,
tras décadas de desmovilización y concertación a la baja, con un sindicalismo
vivido de la subvención y de los favores patronales y que le ha devuelto ese
favor haciendo de apagafuegos, “solucionando” los conflictos buscando la compensación
de los directamente afectados, sin utilizar el conflicto concreto para afrontar
la situación: el deterioro de la contratación y de las condiciones de trabajo,
los casi seis millones de personas en paro, la falta de coberturas, el
esquilmamiento de los servicios públicos, los dos millones de hogares sin
ningún ingreso…
La
huelga general del 14N tiene un componente alentador por su extensión a
diversos países. En un mundo globalizado la extensión de la respuesta social es
clave, pero desde luego no podemos estar satisfechos con la respuesta obtenida
en a huelga. Es lógico. Con una situación a la que nos hemos dejado llevar de
casi seis millones de parados, de empleo extremamente precario y de favor, tras
treinta años de un sindicalismo sumiso y agradecido… no era de esperar una
conflictividad laboral contundente. También es difícil obtener la respuesta
adecuada cuando el sindicalismo se presenta dividido y dejando ver con toda
nitidez que cada organización sigue anteponiendo sus propios objetivos e intereses
particulares. Pero cuanto más tarde reaccionemos nos tendremos que enfrentar a
una situación más dura y más difícilmente reversible. Por eso la movilización
es importante y es importante la huelga general y todavía es insuficiente el
nivel y el ritmo con que se están planteando.
Pero
no solo es insuficiente por su cuantía, también lo es en su orientación. El
componente ecológico, de límite y próximo agotamiento de los recursos
naturales, nos plantea una situación de la que no vamos a salir con solo la
movilización reivindicativa, que es preciso poner en primer plano el reparto y
que eso significa que debemos poner en el centro de nuestra movilización las
personas y sectores sociales más castigadas por la crisis y en situaciones de
exclusión.
El problema
del paro no es el de la reactivación económica, sino el del reparto del trabajo
y la riqueza existente. Tampoco el de la vivienda es la escasez de pisos. Y en
general la falta de coberturas, rentas básicas, prestaciones no es un problema
de falta de recursos, sino de falta de garantías y de su universalización.
No es
cierto que las políticas económicas y sociales trabajen para combatir la
exclusión, al contrario, para el negocio en el que estamos metidos cuanto más
paro y menos protección social, más obligados nos veremos a aceptar
contrataciones ridículas, en condiciones degradantes y con salarios de miseria.
Y eso les incrementa el negocio y le llaman ser “competitivos”. El sindicalismo
tiene que recorrer el camino inverso, y no lo hará sin poner en el centro de
sus objetivos esas situaciones más duras.
Cuando
en una sociedad “en crisis” las desigualdades sociales crecen a ritmo
galopante, algo va mal. Y es ese algo, que no es poco sino mucho, lo que el
sindicalismo debe combatir.
Eso
es lo que queremos expresar cuando hablamos de huelga laboral y social, y eso
es lo que se trata de hacer en el piquete social que protagonizan las
plataformas contra los desahucios y por la renta básica, y lo mismo en el mitin
y manifestación que compartimos con esos y otros colectivos sociales y
organizaciones sindicales. Esas son las problemáticas que deben estar en el
centro de la huelga y las que deben protagonizar la movilización, quedando en
segundo plano la defensa de los espacios sindicales propios.
La CGT estamos moderadamente
satisfechos de nuestro posicionamiento frente a esta y anteriores
convocatorias, de nuestro trabajo por imprimirles una orientación diferente y,
en esta última convocatoria del 14N, por el respaldo (que no el eco mediático)
obtenido por las movilizaciones en que participamos y por las que trabajamos
con toda nuestra fuerza. Pero sabemos que si nuestra convocatoria tuvo algún
éxito, éste se debió, sin duda, a la generosa participación de gente muy
diversa en una propuesta movilizadora acertada en tiempo y forma, ese mérito sí
podemos arrogarnos. Si alguna satisfacción nos queda es saber que ese acto
inicialmente impulsado por algunos sindicatos y colectivos fue más bien
patrimonio de un entorno social anónimo y combativo que de una u otra sigla en
particular.
Iruña 19-11-2012