jueves, 19 de julio de 2012

NI UNA SOLA BOMBILLA DE NAVIDAD

Me parece bien, en cuanto hecho, quedarme sin paga de Navidad. Entendería que vinieran a reclamármela una persona en paro o desahuciada. Sé que hace tiempo hubieran debido ejercer ese derecho los millones y millones de personas que han ido muriendo de hambre en cualquier punto del planeta. Pero me indigna que venga a quitármela esa cadena de sinvergüenzas: Yolanda Barcina, portavoz de Mariano Rajoy en Navarra, a su vez, portavoz de Ángela Merkel en España, a su vez…, o el que lo hagan para “salvar” a la CAN que nos robaron y a los bancos de aquí y a los bancos alemanes y a todo el tinglado financiero.

Sé que en un juicio sobre el reparto económico en el mundo merezco el veredicto de culpable y que mi paga extra debiera haber sido condenada a desaparecer hace años. Soy partidario de recuperar un grado de austeridad y estoy dispuesto a planteármela con la gente que tiene lo mismo o menos que yo. Pero me asquea que me la impongan, y en la dirección que lo hacen, estos sinvergüenzas de las dietas, los consejos de administración, las comisiones, los pelotazos y la corrupción; todos los políticos del poder presentes, pasados y futuros. Y sé también que la corrupción no es más que el chocolate del loro de todo el tinglado en el que estamos inmersos, lo cual no les hace menos culpables, sino más.

Una sociedad que acepta dar una generación por perdida sin pestañear es una sociedad que no merece la pena. Parece que Europa se hunde, y se hunden España y Navarra. Desearlo es el mayor acercamiento a alguna consideración de patriotismo de que soy capaz. Me molesta la indignidad con la que se hunde. Nosotros deberíamos estar gestionando nuestros recortes en una dirección de menores desigualdades. Nuestra indignidad es dejar que nos lo impongan en la exactamente contraria, acumulando riqueza simultáneamente a la acumulación de miseria, llenándolo todo de ambas, sin dejar el mínimo espacio para el más mínimo resquicio de dignidad.

La desaparición de mi paga de Navidad no irá acompañada de la desaparición de las luces de colores, ni de los anuncios de propaganda de cantidad de productos que no debiera comprar; ni de la celebración de los éxitos de la Roja, ni de las pasarelas de la moda, ni de todo el tinglado de la sociedad del despilfarro y el espectáculo que nos llena de incesantes momentos históricos.

Por eso, propongo que las próximas Navidades apaguemos nuestras bombillas decorativas y retiremos nuestros adornos, hagamos un apagón que evidencie lo que ocurre, no solo con mi paga, sino con las prestaciones del paro, con la situación de las personas que padecen situaciones de dependencia, desahuciadas… Asimismo, me sumaré e impulsaré toda actuación en contra de los recortes, aun a sabiendas de que con eso no basta. No quiero que me devuelvan mi paga, quisiera recuperar un poco de dignidad.

Txema Berro Úriz
Afiliado a CGT (trabajador de la función pública).
Artículo publicado en Diario de Noticias el 15 de julio de 2012.

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